Pensamiento político

El Carlismo nace en 1833 con ocasión de una disputa dinástica que será la excusa para encender el polvorín de la España decimonónica, una sociedad desgarrada por la crisis de un Antiguo Régimen insostenible. Ante esta crisis como en el resto de Europa se inicio en España un proceso de revolución burguesa liberal, ante el cual la sociedad española se dividirá en grupos socio-políticos con intereses fuertemente enfrentados, siendo el apoyo a una u otra candidatura dinástica el pretexto para enzarzarse en tres guerras civiles y numerosos levantamientos.

El lema "Dios-Patria-Fueros-Rey" se divulga y se populariza como resumen del pensamiento carlista.

La referencia a Dios no era sino la expresión de la profunda vivencia cristiana del pueblo, cuya religiosidad se sentía herida tanto por el anticlericalismo de la parte del liberalismo más "progresista" como por el fariseísmo del liberalismo "conservador".

Para los carlistas la Patria no significa Nación, sino que defiende una concepción federativa de esta, con un esquema pluralista de identidades y en los que ninguno prima. El Carlismo se formula como tercera vía pluralista y federal entre los nacionalismos centralistas y uniformistas y los nacionalismos independentistas o separatistas. Para el Carlismo la Patria no puede ser una idea abstracta tras la cual se pueden esconder los intereses del estado o de la oligarquía, como tantas veces ha ocurrido en la Historia, sino que se identifica históricamente con la comunidad, con el pueblo, de forma que el bien patrio es el bien común.

Los Fueros, resumían una visión global de cómo debía organizarse la sociedad y el estado, inspirándose en aquel idealizado sistema medieval, frente a la sociedad liberal capitalista. Frente al estado centralista creado por el Liberalismo, se defendía el autogobierno de municipios, comarcas y regiones en un sistema federal o confederal. Frente a un capitalismo, generador de injusticias y graves desigualdades sociales, se propugnaba un sistema cooperativista de inspiración gremial.

Frente al caciquismo, el fraude electoral, la partitocracia bipartidista y la farsa seudodemocrática del sistema, se proponía la participación activa del pueblo en la política a través de instituciones como el concejo abierto, la subordinación del Municipio a estos, de la Región a los Municipios, y así hasta llegar a la cúspide. Frente a Estatismo liberal que no reconocía entidades intermedia entre el y las masas de individuos, se propugnaba una sociedad basada en el principio de subsidiaridad y organizada entre "el individuo y el estado", dotados de soberanía.

El pensamiento carlista sigue hoy existiendo, iniciándose a inicios del siglo XXI una reconstrucción del Carlismo, tímida pero llena de esperanza en un momento en el que las ideas carlistas pueden servir más que nunca como punto de reflexión para la sociedad española.